Jóvenes con personas mayores gays y lesbianas

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AUTOR: Enrique Schiaffino | Psicólogo colegiado en Madrid.

Cuando hablamos de personas homosexuales, normalmente tendemos a pensar en personas jóvenes que están en fase de autodescubrimiento, saliendo del armario, teniendo sus primeras relaciones, etc.

Esto se debe en parte a la visión que transmiten el cine y la televisión de la homosexualidad. Una realidad que afecta solo a jóvenes (la mayoría hombres) invariablemente atractivos.

Quedan de esta manera invisibilizados todos aquellos que se salen de este rígido patrón estereotipado. En ocasiones esta imagen ha sido promovida incluso desde las instituciones o el propio movimiento LGTBI. No hay más que ver el video promocional del orgullo mundial de Madrid de este año.

Esto lleva a que, en ocasiones, no entendamos bien a nuestros mayores. ¿Qué sucede con los gays y lesbianas que han dejado atrás su juventud? ¿Sabemos algo de ellos? ¿De dónde vienen? ¿Cuáles fueron sus vidas?.

En primer lugar, tenemos que pensar cuáles son las vivencias que estas personas han padecido en su vida y cómo difieren de aquéllas que tendrá que vivir un joven que decide salir del armario hoy en día.

En España, la situación de la población LGTBI está en proceso de mejora desde la transición democrática. No podemos olvidar que en este camino muchas personas han perdido vida, familias y reputación simplemente por ser, vivir y amar de forma diferente a lo que dictaba la normatividad heteropatriarcal.

Aquellas de esas personas que aún viven nacieron en plena dictadura franquista o incluso antes de la guerra civil. Sufrieron los rigores de un estado profundamente homófobo. Por supuesto, no olvidemos que la condena legal se unía a la condena social.

¿Podemos imaginar el miedo? El terrible miedo a ser uno mismo. Miedo a las represalias, a la persecución, al ostracismo, al rechazo del entorno social y a la condena penal que suponía la ley de vagos y maleantes. Probablemente podemos porque todos hemos sentido ese tipo de miedo. Para entenderlo sólo debemos multiplicarlo por diez.

Con el avance de las leyes y los cambios en la mentalidad española se observaban atisbos de libertad; al fin una esperanza. Pero llegó la epidemia del Sida.

Tras la breve liberación de los 70, con su revolución sexual y su movimiento hippy, aquéllos que habían podido ser ellos mismos y amar -por primera vez sin restricciones- se encuentran con la terrible condena de la enfermedad. Una que casi parece diseñada para destruir al incipiente movimiento gay (y que casi lo logra).

De nuevo el miedo aparece. El terror a la enfermedad, al contagio. Muchos murieron entonces. Fueron muertes irremplazables en la historia del movimiento LGTBI. La memoria de varias generaciones desapareció.

Sin embargo, desde entonces, el movimiento LGTBI tomó paradójicamente más fuerza. Tenían un motivo de vida o muerte por el que luchar. Y los avances fueron llegando. Un nuevo mundo se hizo camino entre la aprobación del matrimonio y la adopción en 2005 y la progresiva y masiva aceptación de la sociedad española. El cambio ha sido fugaz.

Pero ¿Qué sucede con aquellos que han vivido este camino desde el principio? Ésos que sobrevivieron a la persecución de la dictadura, a la condena de la sociedad y al horror de la aparición del SIDA.

Muchos de ellos todavía viven. Algunos nunca pudieron ser felices. Se acercan tímidamente a las discotecas, pasean por Chueca y ven la libertad de la que gozamos hoy en día. ¿Y qué piensan? ¿Se sienten felices por la vida que hoy tenemos o sufren por la que ellos no pudieron tener?.

Tal vez recuerdan un primer amor que no pudieron confesar a nadie o a esa pareja heterosexual que nunca supo la verdad.

A veces hay mucha crueldad en la juventud. Una persona mayor provoca risas en una discoteca. Ese anciano que te mira fijamente. Esa señora que desea contarte su historia pero tú no tienes tiempo para escucharla.

Una sonrisa puede curar antiguas heridas

La próxima vez párate un segundo. Dedica un momento a pensar en lo que es una vida y sé generoso. Comparte un poco de tu juventud con ellos y date cuenta de lo afortunado que eres. Hazte consciente del camino y sonríe a aquellos que lo empezaron. A veces una sonrisa puede curar antiguas heridas.

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