Terapia de Conversión: ¿Alivio o Destrucción?

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A pesar de los avances conseguidos en el marco de la adopción, el matrimonio, las leyes igualitarias y, en definitiva, en los derechos humanos del colectivo LGTB, hay muchas personas, en la sociedad actual, que continúan afirmando que la homosexualidad es un problema digno de ser tratado. En esta línea, existen, incluso, “profesionales” que afirman tener la “cura milagrosa” para este problema y es, en este marco, donde surgen las “Terapias de Conversión” (también llamadas terapias reparativas o terapias de reorientación sexual).

Este método se originó en los llamados “ministerios ex–gay”. Organismos creados por las iglesias fundamentalistas a comienzos de los años 70 bajo la creencia de que, a través de la oración, la gente gay puede ser “curada” de su atracción a personas del mismo sexo. El movimiento fue creciendo y a principios de los años 90, un grupo de psiquiatras (pertenecientes a la derecha religiosa), así como un grupo de gays arrepentidos de su orientación, fundaron la Asociación Nacional para la Investigación y Terapia de la Homosexualidad (NARTH, por sus siglas en inglés), que cataloga la homosexualidad como una detención de desarrollo, una severa forma de psicopatología, o una combinación de ambas. Para ello, crearon un diagnóstico que denominaron Desorden de Atracción a Personas del Mismo Sexo (SSAD) que puede llegar a curarse, según defienden, mediante las terapias de conversión, haciendo uso de fármacos que reducen la libido (castración química) junto con el uso de antidepresivos y ansiolíticos, haciendo uso también de técnicas de modificación de comportamiento, del psicoanálisis, de la consejería religiosa y de la supresión de los deseos. Estos “profesionales” afirman, incluso, ser un “tratamiento psicológico” validado empíricamente y prometen a sus pacientes una conversión total de la orientación sexual. 

En la mayoría de los casos, estas terapias suelen ser demandadas por familias con férreas creencias religiosas y/o personas que se niegan a aceptar su orientación sexual y acuden presionados y avergonzados por su entorno.  También son personas de alto riesgo para estas terapias niños o adolescentes que no tienen autoridad legal para tomar sus propias decisiones y son obligados por sus padres a acudir a estas terapias de reconversión.  

Lo más preocupante de todo esto es que, en España, a diferencia de países como Estados Unidos (donde se está estudiando la posibilidad de prohibir y erradicar este tipo de terapias), no hay ninguna ley que prohíba explícitamente estas prácticas. Esto otorga completa libertad a los seguidores de estas terapias para incrementar el miedo e inducir, por un lado, pensamientos irracionales y, por otro, en ocasiones, posibles patologías (como depresión, ataques de ansiedad o conducta auto-lesivas o suicidios) derivadas de estas técnicas de reorientación.

Ante la pregunta ¿Es eficaz la Terapia de Conversión? La respuesta es un NO rotundo ya que, además de no tener una base sólida que valide su eficacia (no hay ninguna evidencia científica publicada que sostenga la eficacia de la terapia reparativa como tratamiento para cambiar la orientación sexual), un profesional, jamás podrá afirmar que puede convertir o reorientar a un homosexual en heterosexual a través de terapia u otros tratamientos, pues la homosexualidad no es un trastorno, sino una orientación sexual natural, no opcional e innata del ser humano y, por tanto, no está sujeta a modificaciones.

Esta situación invita a la reflexión acerca de la indefensión actual sobre el marco de la salud mental referida al colectivo LGTB y es más que latente la necesidad de un cambio de ley que prohíba este tipo de terapias que, lejos de ayudar, empeoran la situación de la persona y hacen que ésta experimente su sexualidad y, en definitiva, su orientación sexual con angustia, fracaso y culpa.

Es importante que la gente sepa que, si en algún momento de sus vidas sienten problemas referidos a la aceptación de su propia orientación sexual, pueden acudir a un psicólogo, no para que reoriente su sexualidad, sino para que éste pueda dotar de herramientas necesarias a la persona para aceptarse tal y como es, ya que, como ser humano, seas homosexual, heterosexual, bisexual, transexual, etc., tienes derecho a vivir una vida digna, sin que exista la necesidad de luchar contra tus sentimientos y/o instintos.

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