Dentro de la psicología dirigida a gays, lesbianas y bisexuales, hay un concepto que me causa mucha ternura y es el de la “adolescencia tardía”. Los psicólogos de Tú yo lo vemos continuamente en nuestros pacientes y es algo con lo que tenemos que trabajar. Además, preparando el curso de formación que vamos a dar en el Colegio Oficial de Psicólogos, he tenido que pensar como definirlo.
Serían aquellas vivencias, sentimientos y emociones típicas de la adolescencia y que el adulto LGB, por la negación a su homosexualidad, no ha vivido en el momento que le tocaba y lo retrasa a unos años después, cuando se permite empezar a aceptar su sexualidad.
Este fenómeno de la adolescencia tardía puede manifestarse en una etapa de la vida que, en términos convencionales, ya ha sido superada. Sin embargo, debido a la represión y la internalización de la homofobia, muchos adultos LGB no pueden vivir plenamente su identidad sexual durante su adolescencia. En su lugar, la aceptación de su sexualidad se retrasa, lo que los lleva a experimentar un segundo despertar, o incluso a revivir muchas de las situaciones que los adolescentes atraviesan, pero desde un lugar más maduro y consciente.
Esta experiencia genera una carga emocional compleja, porque las personas se enfrentan a un escenario nuevo, uno en el que deben aprender a manejar sus emociones, deseos y vínculos de una manera completamente diferente a la que lo hicieron los demás en su juventud. El proceso de reconexión con su identidad sexual puede parecer confuso o desafiante, pero es profundamente enriquecedor. Lo que hemos observado, tanto los psicólogos como los propios pacientes, es que este proceso puede ser sanador y transformador, ya que permite liberarse de la carga emocional de vivir una vida de ocultamiento.
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Por una parte, los pacientes experimentan una profunda satisfacción al comenzar a vivir de forma auténtica y permitir que sus emociones afloren libremente. El primer amor, el deseo sin culpa, la conexión emocional y física con otra persona, todo eso se convierte en una experiencia que puede sentirse como una liberación. Por fin pueden disfrutar de esos momentos que les eran vedados, al menos emocionalmente, durante muchos años. Esta sensación de apertura es liberadora, pero, al mismo tiempo, puede estar acompañada de la ansiedad de no haber podido experimentar todo esto cuando “se suponía” que era el momento adecuado. La comparación con los demás puede generar una sensación de estar fuera de lugar o incluso de ser más inmaduros, y esa sensación se puede intensificar por la homofobia interiorizada que persiste en muchas personas LGB.
Por otro lado, a veces surgen sentimientos negativos, como la culpa, la vergüenza o la frustración por no haber sido más valientes en su juventud. Se cuestionan si habrían hecho mejor en ser auténticos desde el principio, pero lo cierto es que en esos momentos no tenían las herramientas emocionales necesarias para hacerlo. La homofobia internalizada, el miedo al rechazo o la simple falta de recursos emocionales son barreras poderosas que impiden vivir una sexualidad libre en la adolescencia. Al darse cuenta de ello, es común que experimenten frustración por no haber vivido su vida de una forma más abierta en sus años jóvenes.
Estos sentimientos de estar «atrasados» o de estar haciendo algo que “ya no les corresponde” pueden afectar la autoestima. Los adultos LGB que atraviesan esta etapa pueden sentirse que no cumplen con las expectativas sociales sobre lo que deberían haber vivido a su edad. Este malestar no solo se origina por la percepción del paso del tiempo, sino por una mirada interiorizada que los hace pensar que sus vivencias son menos válidas o valiosas que las de quienes vivieron esas experiencias en su juventud. Este tipo de comparación, aunque dañina, es natural en el proceso de aceptación y descubrimiento. Lo que debemos transmitirles, como profesionales y como sociedad, es que no hay un tiempo específico para vivir ninguna experiencia, y que cada persona tiene su propio ritmo.
El mensaje fundamental para los pacientes es que nunca es tarde para vivir estas experiencias y que lo importante es que ahora están en un lugar donde pueden hacerlo de manera consciente y sin juicio. No necesitan disculparse por no haberlo hecho antes, ni sentirse culpables por lo que no pudieron hacer en el pasado. Lo que cuenta es el presente, el aquí y el ahora, y lo valioso de vivir su sexualidad de manera plena y auténtica. La madurez adquirida con el tiempo les permite ahora abordar estas vivencias de manera más saludable y enriquecedora.
Como en la adolescencia, durante este proceso pueden surgir ciertos factores a los que hay que prestar atención, como la confusión si la primera relación sexual no resulta ser lo esperado, o el riesgo de caer en el consumo de sustancias como una forma de evadir la ansiedad o las inseguridades que surgen al principio de esta nueva etapa. Las expectativas desmesuradas o los ideales poco realistas sobre la sexualidad también pueden generar frustraciones si no se gestionan adecuadamente. Sin embargo, todas estas experiencias son parte del aprendizaje y, con el apoyo adecuado, se pueden vivir de forma positiva.
Una de las formas más saludables de vivir este proceso es buscar un círculo de apoyo. Es fundamental rodearse de personas que compartan experiencias similares, que puedan ofrecer comprensión y apoyo mutuo. Ampliar el círculo social para incluir a otras personas LGB puede ser crucial para obtener esa complicidad que es esencial para afrontar las inseguridades, los miedos y las dudas. Estar con quienes entienden lo que se está viviendo, sin juzgar ni imponer expectativas, puede hacer que el proceso de aceptación y de exploración sexual sea mucho más seguro y enriquecedor.
En definitiva, el mensaje para todos aquellos que atraviesan este proceso de adolescencia tardía es que no importa en qué etapa de la vida estés: lo importante es ser auténtico contigo mismo. Reconocer lo que realmente sientes y vivirlo sin miedo ni culpa es un paso fundamental para tu bienestar emocional. En Tú yo Psicólogos LGTBIQ+ te ofrecemos un espacio seguro y de apoyo para acompañarte en este viaje hacia la aceptación y el autoconocimiento. No estás solo, y siempre habrá ayuda para vivir con plenitud la sexualidad y la vida que te corresponde.