Chemsex y confinamiento: cuando el deseo de conexión se mezcla con la soledad y la adicción
Durante el confinamiento son muchos los casos de chemsex que nos han llegado a consulta. Son reuniones en casa entre dos o varias personas con el objetivo de consumir drogas y mantener relaciones sexuales. Como me dijo un paciente, el confinamiento fue la tormenta perfecta para que el chemsex se disparara: se juntaron la soledad, la ansiedad por el encierro, el cierre del ocio nocturno y la necesidad de vincularse con otros hombres.
El perfil habitual es alguien que ya consumía drogas de forma recreativa en salas nocturnas y ahora da el salto a las fiestas en casa. Pero algo cambia: en estas reuniones se consume Tina, una sustancia altamente adictiva. Lo que antes parecía bajo control, ahora genera la necesidad de consumir también entre semana, incluso en soledad. Algo que les comienza a ser motivo de preocupación.
La soledad, baja autoestima, problemas para conectar y la falta de ilusiones más allá del sexo y el placer de las drogas son causas comunes en estas prácticas. Sexo y drogas son reforzadores muy potentes que elevan el listón de gratificación, dificultando disfrutar de las cosas simples y del sexo sin el morbo asociado.
Para los/as psicólogos/as especializados en el chemsex como los del equipo de tu-yo psicólogos, constituye un auténtico reto a abordar. Muchos pacientes buscan soluciones rápidas cuando nos contactan los lunes, en pleno “bajón”, pero olvidan el malestar según se acerca el fin de semana. Suelen minimizar el impacto real del chemsex en su vida, relaciones y salud emocional, lo que convierte el proceso terapéutico en un camino lleno de obstáculos.